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Rally 'Round the Flag, Boys! (Leo McCarey, 1958) (III)

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Rally Round the Flag, Boys! es una de las comedias más delirantes jamás rodadas en Hollywood. McCarey pone patas arriba dos de las instituciones más sacrosantas (la familia y las fuerzas armadas), con el aire desenvuelto y distraído de quien unta mantequilla en el pan y de quien simplemente pretende hacernos pasar dos horas divertidas. Y aborda de frente uno de los núcleos de su obra (el erotismo) para hacer una de las películas más «picantes» de las décadas doradas de Hollywood. Aunque no aparece acreditado en los títulos de crédito, parece que por aquí pasó la mano de Axelrod (el autor de las obras de teatro y de los guiones de The Seven Year Itch , Bus Stop o Goodbye Charlie ). No cuesta creerlo si se piensa en ciertos diálogos («escucha los trescientos años de sangre puritana que te corren por las venas», le dice su padre a la «baby sitter» que está interesada en estudiar más a fondo la diferencia entre chicos y chicas) o en ciertas secuencias —como la de los «sueños» de Paul N...

Rally 'Round the Flag, Boys! (Leo McCarey, 1958) (II)

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Un marido en apuros es, ante todo, una sátira muy acertada del «American way of life», un modelo que por entonces triunfaba (por lo que criticarlo era mucho más atrevido que en los años 60, cuando lo contestatario estaba muy de moda). Nunca se había ridiculizado tan bien el matriarcado americano. En pocos minutos, las frustraciones del padre de familia que vive en las afueras y la estrechez de miras de la madre ama de casa quedan plasmadas a través de situaciones divertidas y realistas. La docena de guionistas que trabaja a tiempo completo en «Mad Men» puede irse a freír espárragos. En su penúltima película, Leo McCarey no ha perdido, evidentemente, nada de su maestría narrativa. Un marido en apuros permite al autor de La pícara puritana volver a la comedia sobre el segundo matrimonio, pero el trazo es aquí claramente más exagerado que en sus clásicos de los años 30. Los personajes son muy caricaturescos, aunque están esbozados sin la más mínima malicia. Esta cualidad es emblemáti...

Rally 'Round the Flag, Boys! (Leo McCarey, 1958)

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Esta penúltima película de McCarey, centrada por completo en el presente, sin nostalgia ni anhelo del pasado (a diferencia de An Affair to Remember ), es una alegre sátira del american way of life . Su maravilloso éxito se debe a que McCarey camina constantemente por la cuerda floja, ya que los personajes aquí caricaturizados son todos muy simpáticos y no tienen ni una pizca de maldad. McCarey trabaja con delicadeza, presenta sus gags, de una inspiración muy pura, con un ritmo y una elegancia coreográfica que se ven aún más resaltados por la sobriedad casi desnuda de los decorados. Lo burlesco reaparece en pequeñas dosis en el personaje del torpe capitán Hoxie, interpretado, en perfecta complicidad con el director, por el excelente Jack Carson. Paul Newman, en su primera comedia, muestra dotes de humorista que alguna que otra de sus películas anteriores dejaba entrever de forma muy esporádica. Por último, tres retratos de mujeres enriquecen una trama perfectamente dominada y que sabe t...

Die 1000 Augen des Dr. Mabuse (Fritz Lang, 1960)

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Tras el éxito obtenido en Alemania por las películas del marajá de Eschnapur ( Das Indische Grabmal ), el productor Brauner volvió a ponerse en contacto con Lang, invitándolo a rodar un remake de Die Nibelungen . Lang se negó inmediatamente (la idea le pareció disparatada), pero cuando Brauner volvió a la carga con la propuesta de un remake de Das Testament des Dr. Mabuse , se lo pensó dos veces. Y le planteó a Brauner, en lugar de un remake, una nueva variación sobre la figura de Mabuse, que lo había hecho célebre en 1922 y le había valido la prohibición de los nazis en 1933. Así nacieron Los 1.000 ojos del Dr. Mabuse , en una traducción literal, que acabaría siendo la última película dirigida por el autor de M . Lang recordó un día que el subtítulo del primer Mabuse (el de 1922) era «retrato de una época». Y añadió: «Todas mis películas podrían llevar subtítulos idénticos. Todas son, o pretenden ser, retratos de la época en que fueron realizadas». Así pues, lo que atrajo a Lang de ...

Oyū-sama (Mizoguchi Kenji, 1951)

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La segunda de las «tres damas» de Mizoguchi se llamó Oyu, y el cineasta fue a buscarla a la obra de uno de los mayores novelistas japoneses del siglo XX, Junichirô Tanizaki (1886-1965), quien la había creado en el relato Ashikari , del que existen traducciones inglesa y francesa. Deux Amours Cruelles fue el título de la traducción francesa, publicada por Stock en 1979. Además de una obra inmensa, publicada entre 1910 y 1965, Tanizaki fue el hombre que, en 1932, vertió al japonés moderno uno de los monumentos de la literatura clásica de su país: los celebérrimos Cuentos de Genji de Murasaki Shikibu (Lady Murasaki, como quizá la conozcan algunos), escritos hace casi mil años, entre 1007 y 1010. Otros, o los mismos, sabrán que los famosos Cuentos fueron una de las fuentes de inspiración de Paulo Rocha para su película O Desejado (1987). Cuando, en la película, Oyu cite Los Cuentos de Genji entre sus obras favoritas, no debe extrañarnos, viniendo de quien viene. Y resulta curioso reco...

Mogambo (John Ford, 1953)

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Se ha hablado con frecuencia, a propósito de actores y técnicos, de las interpenetraciones entre la obra de Ford y la de Hawks. Los dos cineastas fueron grandes amigos (según Bogdanovich, Hawks habría sido la última persona que visitó a Ford antes de que este muriera y la única de la que el autor de El hombre que mató a Liberty Valance quiso despedirse). Nunca ocultaron la gran admiración que sentían el uno por el otro, y Ford habría llegado a decir, en los años sesenta, que él, Hawks y Hitchcock eran los mayores cineastas estadounidenses vivos. Pero si en muchas ocasiones utilizaron actores comunes (John Wayne es el ejemplo supremo, aunque también pueden citarse Ward Bond, Harry Carey Jr., Joanne Dru, Thomas Mitchell, entre muchos otros) y, sobre todo, si los utilizaron en una dirección semejante (Hawks continuando los personajes de Ford), cualquier comparación entre los dos geniales cineastas prácticamente se queda ahí. Sus universos y sus estilos son completamente diferentes. ¿A qu...

Objective, Burma! (Raoul Walsh, 1945)

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Una de las grandes obras maestras de Walsh y la obra maestra del cine bélico estadounidense (junto con Los desnudos y los muertos , del mismo Walsh, e Invasión en Birmania , de Fuller). En dos películas anteriores con Errol Flynn, Walsh había retratado la guerra como un juego ( Desperate Journey ) y como una oportunidad insólita e inesperada de salvación individual ( Uncertain Glory ). En Objective, Burma! la muestra como una aventura colectiva seria y que moviliza todas las energías. La interpretación de Flynn, sin florituras ni ironía, refleja fielmente estas intenciones. Se trata aquí del triunfo absoluto del arte clásico, en el que lo concreto y lo abstracto, la descripción analítica y sintética de la realidad, el uso de primeros planos y planos generales, de planos cortos y planos largos, la litote y lo espectacular se armonizan a la perfección y dan lugar a una obra que, realizada en el calor del momento, en un contexto y con objetivos militantes precisos, alcanza de inmediato l...