Manon des sources (Marcel Pagnol, 1952)
Parece que Marcel Pagnol, el autor, ha madurado: este estudio de las costumbres de un pueblo provenzal es de una lucidez —y, por tanto, de una crueldad— por la que no podemos sino felicitar a Pagnol. Estamos lejos del folclore de César , de la demagogia de La Femme du boulanger o de los desmanes de Cigalon . El pesado secreto que se cierne sobre el pueblo solo saldrá a la luz gracias a la anciana piamontesa a la que Marcelle Géniat presta su fuerza y su malicia. No hay coro antiguo, solo hay hombres y mujeres a los que no se les hace ningún regalo. Sé de lo que hablo, pues he vivido una buena década en el Haut-Var. Este rigor, que no carga ni perdona a nadie, da sus frutos: nunca los actores locales han estado tan acertados en su interpretación, tan frágiles en su gestualidad. Y, cuando la emoción estalla, lo hace, ella también, sin miramientos. La propia poesía queda aplastada por la violencia del discurso. Se puede poner pegas al texto de Baptistine, a las imprecisiones de su acento...