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The Exile (Max Ophuls, 1947)

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Esta primera película realizada por Max Ophuls en Hollywood es un puro placer cinematográfico. Y es que el genio de un gran cineasta se manifiesta tanto en los encargos como en sus clásicos; lo que lo distingue de sus colegas resulta entonces aún más evidente. Aquí, los movimientos aéreos de cámara tan emblemáticos del estilo de Ophuls insuflan a la acción una alegría que basta para convertir The Exile en una de las mejores películas de capa y espada jamás rodadas. Una de las más gozosas, una de las más dinámicas, una de las más vivas. Douglas Fairbanks Jr., que produjo y escribió la película, es además un héroe perfecto para el género. Corre, trepa, se agarra, seduce y lucha con una gracia vertiginosa que nada tiene que envidiar a la de su padre, más atlética. También le brinda a Max Ophuls la ocasión de realizar su única obra maestra centrada en un hombre. Por otra parte, la voracidad del gran demiurgo que es Ophuls se despliega plenamente en el seno del estudio hollywoodiense, don...

Le Roman de Werther (Max Ophüls, 1938)

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Desafiando la novela de Goethe, por la cual, sin embargo, sentía una gran admiración, Max Ophuls adapta la situación a los intérpretes elegidos y a las preocupaciones de la época. Así, el joven Werther se convierte en un hombre maduro que ahoga su pena en el alcohol y, desesperado, intenta hacer apreciar su poesía estéril a las prostitutas. Charlotte deja de ser un personaje etéreo, distante y gélido, refugiado en el amor a Dios. En cambio, es una mujer frágil, inquieta, dotada de una intensa vida interior, que se niega a Werther por honestidad y, cuando expone sus razones, lo hace con frescura y sencillez. Por otro lado, el decorado ya no sirve como mero telón de fondo para los héroes. Se convierte en la causa principal del vértigo que empuja a Werther hacia la alienación. La cámara, constantemente inspirada, no impone restricciones a los actores, describe con ternura exteriores magníficos y venenosos, y rastrea los indicios y luego los estremecimientos de la destrucción en el rostro ...

Lola Montès (Max Ophuls, 1955)

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Esta película es una sucesión de milagros. Primer milagro: el asombroso logro formal en la armonía de colores y vestuarios, no debido solo al buen gusto, sino a la adecuación de la elección de estas armonías de una secuencia a otra, cada una evaluada en función de los estados de ánimo de Lola. Segundo milagro: la virtuosidad del encuadre con una cámara inquieta que sabe detenerse el tiempo de un suspiro. En tercer lugar, una banda sonora extraordinariamente rica, precisa en los primeros planos, sinuosa en los murmullos de las profundidades, con efectos de sonido, ruidos y diálogos entremezclados. Y además, una música obsesiva con tonalidades variables sobre un tema casi único. Por último, la imperturbable presencia de Peter Ustinov, cuya indiferencia apagada se cubre de emoción, de forma imperceptible y a ráfagas. Aún más, un guion de una audacia incomparable: al vértigo del presente, plasmado por los movimientos incesantes de los elementos del decorado, los accesorios o la cámara, se ...

La Ronde (Max Ophüls, 1950)

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Brillantísima y distanciada, jugando a la ronda como a la rayuela, con humor, desenfado y sagacidad, Max Ophuls ofrece a los espectadores y a los actores el regalo más sutil que se pueda imaginar. Una cámara elegante y cruel. Diálogos divertidos y profundos. Iluminaciones cambiantes, superpuestas a decorados teatrales mostrados y sublimados. Una devastación del realismo con la ironía de no reivindicar nada. Un vuelco en los valores morales donde la cobardía rima con decoro, la pobreza con burla y la fidelidad con desdén. Los actores, todos dirigidos en su mejor faceta, en ocasiones revelan, gracias a esta oportunidad, sus límites (Signoret y Barrault), su florecimiento (Miranda y Gravey), su técnica (Reggiani, Philipe, Walbrook y Gélin), su sutileza (Simone Simon y Odette Joyeux). Y Danielle Darrieux, sin esfuerzo ni artificios, domina este elenco embriagado de alegría, llevando al grado más alto una complicidad naciente con un universo y un autor. Paul Vecchiali "L'Encinécicl...