The Exile (Max Ophuls, 1947)
Esta primera película realizada por Max Ophuls en Hollywood es un puro placer cinematográfico. Y es que el genio de un gran cineasta se manifiesta tanto en los encargos como en sus clásicos; lo que lo distingue de sus colegas resulta entonces aún más evidente. Aquí, los movimientos aéreos de cámara tan emblemáticos del estilo de Ophuls insuflan a la acción una alegría que basta para convertir The Exile en una de las mejores películas de capa y espada jamás rodadas. Una de las más gozosas, una de las más dinámicas, una de las más vivas. Douglas Fairbanks Jr., que produjo y escribió la película, es además un héroe perfecto para el género. Corre, trepa, se agarra, seduce y lucha con una gracia vertiginosa que nada tiene que envidiar a la de su padre, más atlética. También le brinda a Max Ophuls la ocasión de realizar su única obra maestra centrada en un hombre.
Por otra parte, la voracidad del gran demiurgo que es Ophuls se despliega plenamente en el seno del estudio hollywoodiense, donde puede controlar a su antojo todos los elementos de la imagen, como un niño jugando con sus Playmobils. Así, su puesta en escena aleja la película de cualquier forma de convención. El montaje no es clásico, sino que realza una Holanda deliciosamente artificial al tiempo que está al servicio de los desplazamientos de los personajes. La cámara de Ophuls es maravillosa porque permite contemplar cada rincón de los magníficos decorados sin dejar de mantenerse centrada en los actores. El fabuloso travelling del primer beso es representativo del genio del cineasta: un genio embriagador y lúdico, en las antípodas de cualquier pesadez decorativa.
Gozar del instante presente para crear hermosos recuerdos cuando llegue la hora del deber podría ser la moraleja de The Exile, película que concluye con una melancolía completamente inusual para el género. Aquí, como en Le plaisir y La ronde, Max Ophuls exalta lo efímero y, al poner su gusto exquisito al servicio del género más alegre que existe, realiza una especie de equivalente cinematográfico a las piezas más ligeras de Mozart.
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