Objective, Burma! (Raoul Walsh, 1945)

Una de las grandes obras maestras de Walsh y la obra maestra del cine bélico estadounidense (junto con Los desnudos y los muertos, del mismo Walsh, e Invasión en Birmania, de Fuller). En dos películas anteriores con Errol Flynn, Walsh había retratado la guerra como un juego (Desperate Journey) y como una oportunidad insólita e inesperada de salvación individual (Uncertain Glory). En Objective, Burma! la muestra como una aventura colectiva seria y que moviliza todas las energías. La interpretación de Flynn, sin florituras ni ironía, refleja fielmente estas intenciones. Se trata aquí del triunfo absoluto del arte clásico, en el que lo concreto y lo abstracto, la descripción analítica y sintética de la realidad, el uso de primeros planos y planos generales, de planos cortos y planos largos, la litote y lo espectacular se armonizan a la perfección y dan lugar a una obra que, realizada en el calor del momento, en un contexto y con objetivos militantes precisos, alcanza de inmediato la atemporalidad. Esta obra se verá dentro de cincuenta años con la misma admiración que inspira hoy. La película resulta fascinante por el genio con el que Walsh descompone constantemente las diferentes fases de una acción, las diversas reacciones de quienes la llevan a cabo, para recomponerlas casi de inmediato ofreciendo una visión global de dicha acción y de la actitud física y mental de los combatientes. Ya se trate de las múltiples actividades del campamento interrumpidas por el anuncio de una sesión informativa dentro de una hora; de la calma, el nerviosismo o la ansiedad de los paracaidistas antes de un salto; del salto en sí mismo; de las diversas actitudes de los soldados ante el cansancio, el peligro, el desánimo o un renacer de la esperanza y la energía, Walsh realiza una síntesis de la realidad que abarca todos sus aspectos sin privilegiar artificialmente ninguno. Es cierto que la película no oculta que se trata de la descripción de una victoria aún no totalmente conseguida. Con una sobriedad sorprendente (que contrasta con el tono un tanto grandilocuente de muchas películas bélicas de la época), muestra esa victoria en ciernes —y más que en ciernes— en la profunda y tangible solidaridad de los miembros del grupo y de su jefe. Cada uno se funde, tanto por voluntad como por una necesidad visceral de sobrevivir, en el grupo y en el proceso de la acción que hay que llevar a cabo. Aunque dota a cada personaje de sus propias características, Walsh huye tanto de los personajes pintorescos como de esas notas neuróticas que abundarán en el cine bélico de Hollywood de los años 50. En el mismísimo corazón del combate que libra su país, pretende dar testimonio de cómo la urgencia, el peligro, la voluntad de sobrevivir y el valor suscitan, en la célula sana que ha elegido examinar, reacciones inmunitarias contra los riesgos de destrucción interna y reacciones de agresividad contra el enemigo externo. También quiere mostrar que, en ambos casos, estas reacciones son lo suficientemente poderosas como para alcanzar la victoria. Una pizca de esperanza, una pizca de realismo (y también una pizca de sobrenatural cósmico, perceptible en la forma de filmar y de abordar la naturaleza) animan así esta obra en la que Walsh, gracias a su talento como cronista, pintor y poeta épico, ha sabido captar el instante con una enorme perspectiva y dotar a una página de la historia inmediata de los matices de la eternidad.

N. B. La película, en sus diversas reediciones, ha sido a menudo recortada. La cinta comercial de Warner Home Video presenta la duración original de la película en versión original subtitulada (bajo el título Objective, Burma!). Bastante buena reproducción de la fotografía de James Wong Howe.

Jacques Lourcelles

En “Dictionnaire du cinéma” – Les Films”

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