Queen Kelly (Erich von Stroheim, 1929)

Solo quedan, pues, unos pocos capítulos de la obra tal y como la había concebido Stroheim. Muy preocupada por sus métodos de rodaje, considerados costosos, y más aún por el contenido tan atrevido de las escenas, Gloria Swanson, coproductora de la película, despidió a Stroheim. (Hasta el final de su vida se felicitaría públicamente por haber puesto así fin definitivamente a la carrera de Stroheim como director.) Para poder estrenar la película en Europa (en Estados Unidos no se distribuyó comercialmente hasta los años 60-70), recortó la historia y rodó un final propio: Kelly no se salva de ahogarse y el príncipe, al enterarse de su muerte, se suicida. En los años 50, la Cinemateca Francesa presentaba una copia recortada, a petición del propio Stroheim, en la que se había suprimido este desenlace. En los años 60 se añadieron a esta copia las escenas de la boda en África. La copia de «Connaissance du cinéma» intenta reconstruir, mediante algunas fotografías y carteles explicativos, la continuidad de la historia. De esta obra mutilada e inacabada, las pocas escenas que subsisten se alargaron ya en la versión de Swanson para conformar un largometraje apto para su estreno. Siguen siendo tremendamente representativas y expresivas del universo stroheimiano. Incluso en su carácter fragmentario, dan testimonio de la incapacidad del autor para concebir una dramaturgia coherente y sintética. Desde este punto de vista, todas las películas de Stroheim son obras truncadas, inferiores a la idea que él mismo se hacía de ellas, escasos vestigios de un sueño infinitamente más vasto. Nos encontramos, pues, ante una sucesión de fantasías, entre las que no es necesario ningún vínculo lógico, en las que la inocencia queda constantemente fascinada —como la presa por la mirada de la serpiente— por la corrupción, la monstruosidad y la putrefacción interior y exterior de los cuerpos y las almas. No hay ningún atisbo de rebelión en la futura esposa africana ante la espantosa y apresurada ceremonia de su boda. Permanece inmóvil, sometida a los efectos de esta contaminación del mal, como si se tratara de una experiencia que formara parte desde toda la eternidad de su destino. La mayoría de los fragmentos de la película poseen un fuerte componente erótico, pero este erotismo siempre se mezcla con un elemento ajeno que, a la vez, lo corrompe y lo exalta: la incomodidad y el humor en la escena de la ropa interior, la crueldad y el sadismo en la escena de la fusta, el puro y simple horror en la escena de la boda. La inocencia (de los personajes) y el erotismo (en la atmósfera general de la película) tienen en Stroheim un punto en común: necesitan aquello que los corrompe. En definitiva, si Queen Kelly parece algo inferior a las obras anteriores de Stroheim, se debe tanto a su interpretación como a su carácter fragmentario. Gloria Swanson no se siente muy cómoda ni encaja del todo en la parte del papel en la que la heroína es una huérfana inocente; sin duda habría estado perfecta en el resto de la parte africana. Walter Byron nos hace echar de menos a Stroheim en un tipo de papel que este había interpretado a menudo. Seena Owen y Tully Marshall están magníficos.

Jacques Lourcelles

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