Man Whithout a Star (King Vidor, 1955)

Uno de los grandes westerns de los años 50 y, aunque Vidor nunca dio la impresión de valorarla mucho, también es una de las mejores películas del director de la posguerra. Basada en un magnífico guion de Borden Chase, se trata de una reflexión sobre el individualismo, el gusto por la aventura y los grandes espacios, y un modo de vida condenado por el progreso y la codicia de ciertos acaudalados. De gran sutileza bajo su apariencia sencilla y lineal, la trama lleva al héroe a comprender la necesidad de un mundo organizado e incluso a colaborar con quienes preparan ese mundo, sin dejar de ser, en lo más profundo de su ser, un puro individualista, capaz de ayudar a los colonos, pero no de vivir con ellos. La fuerza «vidoriana» de la película consiste en mostrar objetivamente el camino razonable, al tiempo que lleva al espectador a identificarse únicamente con Dempsey Rae. Consiste también en hacer resonar, en medio de la descripción de un personaje picaresco y alegre, una nota de desamparo profundamente patético. Por el camino, Vidor habla también de la violencia, del erotismo (a menudo desviado en sus personajes de su función propia), de la fuerza y de la melancolía de estos últimos primitivos de corazón aún joven en un mundo que empieza a envejecer. La película debe mucho a la personalidad de Kirk Douglas: aquí es algo más que el intérprete de su papel y parece también, como le suele ocurrir, ser el creador de su personaje. Kirk Douglas producirá e interpretará unos años más tarde una especie de secuela contemporánea de La pradera sin ley: Los valientes andan solos (David Miller, 1962).

N.B. Insignificante remake: A Man Called Gannon, de James Goldstone, 1969.

Jacques Lourcelles

En “Dictionnaire du Cinéma – Les Films”

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