Sylvester (Lupu Pick, 1923)
Una de las obras más célebres del Kammerspiel escrita por
Carl Mayer, el autor del film-manifiesto del expresionismo, El gabinete del
Dr. Caligari (1919). El Kammerspiel se opone al expresionismo, cuyos
excesos pretende corregir, mediante la naturalidad de la interpretación (que no
excluye —ni mucho menos— los paroxismos), la banalidad meticulosa del decorado,
la voluntad de describir la realidad social no de forma simbólica, y el
clasicismo de la dramaturgia (aquí con un respeto casi absoluto por las tres
unidades). Se le aproxima, más secretamente, por la abstracción de los
personajes, la reducción al mínimo de su número (aquí el marido, la suegra, la
esposa) y, sobre todo, por la densidad asfixiante de la puesta en escena, que
busca eliminar el azar y revelar, en los personajes, una parte determinante
—aunque inicialmente oculta— de patología y de monstruosidad (cf. el
comportamiento de la anciana, a la que su frustración empuja a querer
estrangular a su nuera, y la súbita irrupción de la pulsión de muerte que
precipita al marido al suicidio). Sobre un fondo común de negrura y locura,
característico de esta época del cine alemán, expresionismo y Kammerspiel reproducen
también, en variaciones contrastadas, el conflicto estético permanente entre el
barroco y el clasicismo, cuya síntesis genial elaborará Fritz Lang a lo largo
de toda su carrera. En lo que respecta a Sylvester, es por la
familiaridad casi tranquilizadora de los lugares, los personajes y las
situaciones (a excepción de ese plano sorprendentemente inquietante de la
sombra de la madre llamando a la puerta) por lo que la película atrae al
espectador hacia una trampa que se cierra sobre él con una rapidez fulminante.
Como esos juerguistas que de repente se espabilan al ver el cadáver, el
espectador se encuentra pronto encerrado en una pesadilla familiar y freudiana.
Jacques Lourcelles
“Dictionnaire du
Cinéma – Les Films”
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