Lumière d'été (Jean Grémillon, 1943)

Una obra desigual y mestiza debido a la diferencia de temperamentos entre Grémillon y Prévert. Sin embargo, el carácter híbrido de la película permite distinguir con claridad lo que pertenece propiamente al universo de Grémillon. La tragedia interiorizada de los personajes interpretados por Paul Bernard y Madeleine Renaud, la interpretación apasionada «en frío» de estos dos actores habituales del cineasta, son puro Grémillon. En cambio, la actuación exagerada y barroca del personaje de Pierre Brasseur, las siluetas pintorescas encarnadas por Marcel Lévesque y Léonce Corne provienen más de Prévert y parecen incorporadas a la obra de Grémillon. Lo mismo ocurre con la convención romántica de la pareja formada por el obrero y la joven (Georges Marchal y Madeleine Robinson). En medio de los contrastes un tanto artificiales y literarios de la larga secuencia del baile de disfraces, Grémillon demuestra sobre todo su deslumbrante dominio del espacio, que capta en toda la variedad de sus planos (el valle, el castillo, la carretera, la obra, los vagones llenos de obreros avanzando en la noche). Es gracias a ello que la película tiene tanto estilo. En esencia, sigue caracterizándose por esa corriente de energía subterránea y apasionada que, más allá del bien y del mal, anima a los personajes y asimila la mayoría de sus acciones al desencadenamiento incontenible de ciertas fuerzas naturales. Aunque esta corriente circula aquí con menos libertad que en Le ciel est à vous, Pattes blanches o L’amour d’une femme, la película conserva, no obstante, una profunda originalidad que la vincula orgánicamente con las demás obras del director.

Jacques Lourcelles 

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