Une partie de campagne (Jean Renoir, 1936)
Ha ocurrido algo parecido a un milagro, algo que contraría las voluntades primeras del autor, algo que fabricó la película contra el resto del mundo y la convirtió en una obra maestra. La obra maestra de Renoir. No digo que él no tenga parte en ello, todo lo contrario: afirmo que se le escaparon esa rigurosidad y esa fantasía tan íntimamente mezcladas (en ninguna otra parte de sus films, hasta este punto), tan dolorosa y melodiosamente entrelazadas, tan mágicamente convergentes que es imposible ver o volver a ver la película sin sentirse invadido por su terrible dulzura, al borde del sollozo. Sylvia Bataille, actriz insegura y poética, con este papel de Henriette, gestualidad y emoción controladas por una precisión que provoca vértigo, alcanza aquí su inmortalidad. Frente a ella, Georges Darnoux (Saint-Sens en los créditos del film) interpreta la partitura complementaria al borde del desgarro, tanto conmueven sus silencios. ¿Qué sería la película sin Joseph Kosma? En realidad, la pregunta no puede plantearse: todos los componentes están dominados con el fin de lograr un resultado de indiscutible homogeneidad. Ciertamente se puede volver a analizarla, pero, punto por punto, plano por plano, todo nos remite al producto acabado, concentrado en una única y misma carga emocional hecha de amor a la vida, de lucidez extrema y de tristeza sin fin. Por eso, al final, parece que sea la única película que intenta reconciliarnos con la muerte.
Paul Vecchiali
"L'Encinéciclopédie"
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