Jubal (Delmer Daves, 1956)
Jubal puede calificarse de «superwestern». «Superwestern» es un término inventado por André Bazin para designar aquellos westerns que aparecieron a comienzos de los años cincuenta y que exhibían de forma más explícita que otros sus ambiciones intelectuales. El representante más célebre de esta corriente es, sin duda, Solo ante el peligro, un tostón ensalzado por quienes no entienden nada del western y denostado por los aficionados. Por suerte, Jubal tiene poco que ver con la frialdad afectada y verbosa que caracteriza la película de Fred Zinnemann.
Las distintas cuestiones morales y psicológicas de la película se despliegan gradualmente a lo largo de un guion de sólida coherencia dramática, mientras que la espléndida galería de personajes secundarios (Bronson, Elam...) da vida social al rancho. Esto impide que la obra se hunda en una abstracción teórico-teatral. Aunque la película es bastante parloteada, Delmer Daves sabe, gracias entre otras cosas a su dominio del Cinemascope y de la profundidad de campo, hacer que los pocos estallidos de violencia que la recorren resulten decisivos e incluso trágicos.
En líneas generales, la puesta en escena posee una hermosa elegancia; una elegancia que no es fría, sino puesta al servicio de unos personajes magníficos. Personajes cuya evolución en las relaciones es, no lo olvidemos, el verdadero tema de la película. Más aún que el héroe interpretado por un impecable Glenn Ford, es el campesino al que da vida Ernest Borgnine quien más conmueve. Ese papel de hombre amante, incomprendido y herido es, quizás, el más hermoso de toda su carrera.
Por todas estas razones y otras más (como la belleza de Felicia Farr), Jubal figura, junto a El tren de las 3:10 y La ley del talión, entre las contribuciones más importantes de Delmer Daves al género.
Comentarios
Publicar un comentario