H.M. Pulham, Esq. (King Vidor, 1941)
Un burgués cuarentón reevalúa su
vida el día en que un antiguo compañero de universidad le pide que la resuma en
unas pocas páginas para el anuario de exalumnos… Así comienza una profunda
introspección. ¿Y si, pese al aparente éxito social, hubiera pasado de largo
junto a su propia felicidad?
A través de su manera de
simbolizar a toda una clase social en un personaje cinematográfico, H. M.
Pulham, Esq. recuerda a Y el mundo marcha. Aquí, los deseos
individuales se ven frustrados por el peso del entorno de origen. A diferencia
de otras obras más flamantes de King Vidor, el lirismo permanece latente,
irrigando de forma subterránea la crónica de la vida de H. M. Pulham; una
crónica puesta en escena con una austeridad que hace aún más cruel la condena
de una pasión por parte de un implacable atavismo. La complejidad de los
obstáculos que separan a los dos amantes eleva la obra muy por encima de una
simple crítica de los corsés sociales. Aunque enfrenta una burguesía
provinciana de mentalidad estrecha a la modernidad neoyorquina, el autor se
lamenta también de los espejismos de la sociedad de consumo encarnados por la
bella publicitaria enamorada de Pulham, una mujer que sigue creyendo en el
príncipe azul pese a la libertad financiera conquistada gracias a una carrera a
la que lo ha entregado todo. Baste decir que la propuesta de esta película, con
más de sesenta años a sus espaldas, sigue plenamente vigente. La sátira del
mundo publicitario destaca, por lo demás, por su sutileza. Robert Young y Hedy
Lamarr están excelentes: dotan de credibilidad e incluso resultan entrañables
en unos personajes de gran carga simbólica. H. M. Pulham, Esq., pese a
ser aclamado por la crítica a su estreno, es sin duda una de las grandes obras
desconocidas de Vidor.
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